Análisis Poema 28 de César Vallejo

Trilce_VallejoPresentación General

El poema XXVIII cuyo autor es César Vallejo, pertenece al libro de poemas “Trilce” (1922) publicado en Lima, Perú. Este libro corresponde a la segunda etapa de Vallejo, su etapa vanguardista .

El poema pertenece al género lírico, ya que expresa emociones y sentimientos. El mismo consta de 5 estrofas de 5, 5, 9, 6 y 4 versos irregulares, y con número irregular de sílabas, conocidos también como versos libres, además, se puede apreciar en cuanto a su estructura interna,

 que el poema está dividido en dos momentos, un primer momento; que nos muestra el lamento del yo lírico por la pérdida de los afectos familiares, especialmente representados en los almuerzos (estrofas 1 y 2), y un segundo momento; que describe el almuerzo del yo lírico en casa de un amigo, y las consecuencias emocionales que esta situación le causan al mismo (estrofas 3, 4 y 5).

El poema no posee un título en sí, sino que está identificado con un número, al igual que todos los poemas del libro, lo que hace que cada poema esté relacionado entre sí y, además, sean dependientes del título del libro como así también de su unidad temática.

Análisis Estrofas 1 y 3

La primera estrofa comienza con la presencia del yo lírico en primera persona describiéndonos su almuerzo. Esta descripción aparece como un marcador de tiempo, precisamente en pasado perfecto, “ He almorzado”. A continuación, mediante las palabras “solo ahora”, la voz lírica enfatiza el momento y remarca lo que sintió durante su almuerzo. Seguidamente podemos conocer las emociones tanto de soledad y melancolía, como de tristeza y añoranza por la familia del yo lírico, a través de la enumeración de varios elementos que no ha tenido en el almuerzo, “…y no he tenido ni Madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua”, como así también apreciamos en este verso, el polisíndeton como recurso literario utilizado para enfatizar lo que al yo lírico le falta, en este caso la repetición del nexo negativo “ni”.

Se puede apreciar como causa principal de la melancolía y tristeza del yo lírico, a su madre, ya que ésta encabeza la enumeración negativa, y, a través del encabalgamiento como recurso, el autor ubica por importancia la palabra madre al comienzo del segundo verso pudiendo estar al final del primero.

El yo lírico se siente nostálgico especialmente en los almuerzos,  ya que es el momento más sagrado para su familia y todo lo que representa para la misma, siendo esta muy creyente y unida. La voz lírica recuerda al padre con sus charlas en el ofertorio, compartiendo y repartiendo los choclos (verdura típica y autóctona de Perú), dando así una imagen de líder de familia, es patriarcal.  Se simboliza el almuerzo con el ofertorio dado que, para la familia es un momento sagrado y de profunda armonía, y el padre, al igual que un sacerdote con su comunión, reparte la comida con su familia.

Los siguientes versos tienen como característica vanguardista el hermetismo, ya que se presentan muy propios de la subjetividad del autor, dándonos o no a entender la interpretación real. Dada la frase “pregunte para su tardanza de imagen, por los broches mayores del sonido”, podemos suponer la escasa visión del padre del yo lírico, y de cómo este se guía principalmente por los sonidos más perceptibles para él.

 Aquí comienza a desarrollarse el segundo momento del poema, que describe el almuerzo del yo lírico en la casa de su amigo, y las consecuencias emocionales que esta situación le causan al mismo. Los principales protagonistas en esta tercer estrofa serán; el yo lírico, el amigo, el padre y las tías del amigo.

El principal motivo de este almuerzo, es la llegada del padre de un largo y lejano viaje “A la mesa de un buen amigo he almorzado”, “con su padre recién llegado del mundo”. Es en este momento, en esta estrofa en particular, donde la voz lírica siente mayor soledad y tristeza, provocada por la bienvenida que su amigo le brinda a su padre, donde los sentimientos de alegría, ansiedad y felicidad se encuentran en su punto más intenso, dado el largo tiempo que éste llevaba sin ver a su padre.

El yo lírico se siente aislado del clima en el almuerzo y no participa del mismo, no es protagonista del amor, pues, no comparte ese amor y se transforma en espectador del sentimiento ajeno. En un sentido metafórico, el yo lírico es un exiliado, ya que él se encuentra en lima, lejos de su pueblo natal, lo que intensifica y repercute más aún en su sentimiento de soledad. No obstante, es capaz de discernir su sentir de las buenas intenciones de su “buen amigo” como así lo describe, y sabe que es considerado parte de la familia, pues el amigo, lo invita a compartir un momento de mucha felicidad, lo involucra, y esto es reconocido por la voz lírica.

En el segundo y tercer verso notamos la presencia de una anáfora como recurso literario, que es utilizado en este caso para remarcar, mediante la palabra “con”, lo que el amigo tiene, “con su padre recién llegado del mundo, con sus canas tías que hablan…”, se produce a su vez, un antítesis con la primera estrofa, el uso del “ni” en dicha estrofa y por contrapartida el uso del “con” en esta tercera estrofa.

A continuación se describe a las tías del amigo, “sus canas tías que hablan”, “canas” nos da una idea de que son señoras mayores, que se encuentran “bisbiseando”, es decir, chismeando, rumoreando en voz baja, lo cual molesta al yo lírico, como también vemos que las tías carecen de piezas dentales, siendo la porcelana la metáfora que se utiliza para representar a los dientes, a esto hace referencia el autor cuando dice “por todos sus viudos alvéolos”. A pesar de ello, son las tías las que tienen los cubiertos francos, aquí notamos que se personifica a los cubiertos, describiéndolos como sinceros, lo que en realidad es un rasgo humano, además, los cubierto provocan “tiroriros”, lo que representa la mística, la felicidad de los comensales. Estamos frente a una percepción auditiva, se contraponen la alegría de los familiares del amigo con la melancolía de la voz lírica. La repetición de la “r” en la palabra “tiroriros”, provoca la sensación de musicalidad al pronunciarla; este recurso es conocido como “aliteración”.

“Así, que gracia!”, es una frase que rompe con la complejidad del vocabulario, donde el yo lírico utiliza un lenguaje coloquial, el mismo que se utiliza en el hablar cotidiano y aquí se ve reflejado con lo que ha dicho anteriormente. Nace de su insatisfacción personal y no de la de los demás, le provoca rabia su soledad en un hogar tan cálido, lleno de afectos familiares. “Y me han dolido los cuchillos”, aquí la voz lírica hace referencia a cómo éste almuerzo, representado por los “cuchillos”, le ha provocado tan intenso dolor y tristeza, los cuchillos son una parte del todo, figura literaria conocida como sinécdoque.

Análisis Estrofas 4 y 5

La cuarta estrofa tiene una estructura distinta al resto, visualmente el autor nos muestra una forma diferente en la composición. Comienza el verso con el uso de un arcaísmo, una palabra ya en desuso; “yantar”.

En esta estrofa podemos apreciar la generalización  de toda la situación.  El yo lírico se pone a reflexionar, ya no es el almuerzo en particular, sino que se plantea todo momento que involucre los mismos factores; a toda persona que haya pasado por lo mismo en un almuerzo como el anteriormente descrito: haber perdido un familiar tan importante como la madre. Se ve generalizado cuando se dice “…en que se prueba”, no solo él sino cualquier persona, el amor ajeno pues solo lo observa y no lo comparte.

Se puede ver claramente la gran importancia de la “madre universal” ya que no es más la del Yo lírico, sino que la de cualquier individuo, cualquiera que pueda estar en la misma situación. La palabra “MADRE” aparece completamente en mayúscula e integra ella sola todo el verso, ella es el verso en sí mismo. Ésta está alineada hacia la derecha, asociada con la palabra “amor” y “dulce”, y, además, simboliza la perdida y el vacío que genera la ubicación de la misma.

Este amor no sentido genera en la voz lírica cuatro distintas transformaciones negativas. El yo lírico enumera de forma metafórica el ciclo de la alimentación relacionada con el almuerzo.

La primera transformación es el bocado que se “torna tierra”, es decir, que pierde sentido el placer de comer pues la madre no la brinda.

La segunda describe como molesto el momento de la deglución; “hace golpe la dura deglusión”. Aquí el autor utilizando un rasgo netamente vanguardista escribe la palabra “deglusión”  con “s” intencionalmente, además de estar relacionado con la ruptura del código con el ambiente alterado que la falta materna le produce.

La tercera transformación es el postre, “el dulce, hiel”, el dulce se convierte en hiel. Aquí apreciamos la omisión del verbo para enfatizar la antítesis de las dos palabras, no siendo por otro lado tener el verbo para entender el sentido del verso.

En la última transformación notamos cómo la voz lírica va en un proceso de derrumbamiento, pues es cada vez más negativa. Esta transformación simbólica “el aceite funéreo, el café” aparece con un leve cambio al contrario de las anteriores transformaciones, ésta nos muestra el aspecto negativo antes que el positivo teniendo en cuenta al café como un momento grato luego del almuerzo. Sin embargo para la voz lírica es la culminación de un proceso doloroso.

Esta serie de transformaciones son anticipaciones de la muerte en torno al yo lírico; el aceite es fúnebre, el bocado es tierra en la boca y el dulce es hiel.

Esta quinta estrofa es la culminación del proceso. Podemos apreciar de forma clara la afirmación de la muerte de la madre; lo que significa la ruptura del hogar. Su melancolía es la consecuencia de la pérdida de su figura materna; “”cuando ya se ha quebrado el propio hogar, y el sírvete materno no sale de la tumba”. Nuevamente podemos apreciar la forma en que solo la palabra “tumba” ocupa el tercer verso de esta última estrofa,  siendo una clara antítesis de lo ocurrido con la palabra “MADRE” en la estrofa anterior, estando ésta alineada hacia la izquierda, en minúscula y enfrentada con la palabra “MADRE”, relacionada con la vida y el amor. Además, el vacío de este verso simboliza la falta de afecto y la muerte absoluta.

El yo lírico extraña el trato de su madre, lo notamos especialmente en la palabra “sírvete”, siendo la misma una palabra relacionada con la actitud de la madre para con su hijo. Las consecuencias de esta ruptura son: la pobreza de amor; que significa la ausencia del mismo, y la cocina a oscuras; pues allí la madre cocinaba para su familia con cariño y mucho afecto.

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3 comentarios en “Análisis Poema 28 de César Vallejo

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